Título oficial o título propio: qué diferencia hay y cómo comprobarlo antes de matricularte

Actualizado el 1 de noviembre de 2026 · 11 min de lectura

Tres carpetas de colores, una con cinta dorada, sobre una mesa junto a una ventana luminosa
Imagen generada con IA. Escena ilustrativa; no muestra instalaciones, personas ni materiales de Mundo Universidad ni de ninguna universidad concreta.

Imagina que ves un anuncio de un «Máster en Dirección de Marketing Digital» de una universidad conocida, con matrícula abierta todo el año y clases por la tarde. Suena bien, encaja con tu trabajo y el nombre de la universidad te da confianza. Lo que el anuncio quizá no deja claro es si ese máster es un título oficial o un título propio, y la diferencia importa más de lo que parece. Esta guía te explica qué es cada cosa, para qué puede servir un título propio, qué no puede hacer y cómo distinguir uno de otro antes de matricularte.

Dos clases de título, las dos de una universidad

Una universidad española puede ofrecer dos tipos de estudios. Los primeros son los oficiales: Grado, Máster Universitario y Doctorado. Quedan inscritos en un registro público y, en el caso de grados y másteres, siguen un plan de estudios que ha pasado por una verificación externa. Los segundos son los propios: programas que la universidad diseña por su cuenta, dentro de la autonomía que la ley le reconoce. La ley orgánica del sistema universitario menciona expresamente, entre las facultades de la universidad, la de aprobar planes de estudio que conducen a títulos propios y la de expedir esos títulos.

Que un título sea propio no lo convierte en algo dudoso. Son enseñanzas que las universidades pueden ofrecer, y es una categoría reconocida por la norma. Lo que no son, y aquí está el punto de fondo, es equivalentes a un título oficial. Un máster propio no es un Máster Universitario aunque lo imparta la misma facultad y lo expida la misma universidad. Son títulos distintos, con efectos distintos.

Qué dice la norma sobre los títulos propios

El Real Decreto 822/2021, que organiza las enseñanzas universitarias, define los títulos propios por exclusión: son los que la universidad imparte y que no son ni Grado, ni Máster Universitario, ni Doctorado. Cada universidad decide cómo los expide, pero con una condición clara: ni el nombre ni la forma de presentarlos en público pueden inducir a confundirlos con los oficiales. Esa frase es la que conviene recordar cuando leas publicidad, porque describe justo el problema que te puedes encontrar.

La misma norma agrupa gran parte de estos estudios bajo el nombre de formación permanente y distingue los títulos según su tamaño en créditos ECTS. Un programa de 60, 90 o 120 créditos ECTS es un Máster de Formación Permanente. Uno de entre 30 y 59 créditos es un Diploma de Especialización, y por debajo de 30, un Diploma de Experto. Estos programas se dirigen a personas con titulación universitaria previa, aunque la universidad puede usar otras denominaciones para ellos, salvo la de Máster de Formación Permanente, que siempre debe mantenerse. Si el programa no exige titulación universitaria previa, lo que se entrega es un certificado con el nombre del curso y su carga en créditos. También existen enseñanzas más cortas, de menos de 15 créditos, que la norma llama microcredenciales.

Fíjate en un detalle revelador: el nombre «Máster de Formación Permanente» es obligatorio para esa categoría, y la universidad debe hacer constar en su información institucional que estos títulos son de formación permanente. Si en un anuncio solo aparece la palabra «máster», sin indicar de qué tipo, merece que preguntes cuál de los dos es.

Además, estos programas pueden impartirse de forma presencial, híbrida o virtual, y deben tener como responsable al menos a una profesora o un profesor de la universidad donde se imparten.

Cómo se reconoce un título oficial

La clave de un título oficial es el registro. El Real Decreto 1509/2008 creó el Registro de Universidades, Centros y Títulos, conocido como RUCT, dependiente del ministerio. Los títulos universitarios oficiales deben estar inscritos en él, y esa inscripción es la que crea el título como oficial. Los propios no tienen esa obligación.

Hay una distinción importante. El mismo decreto prevé que las universidades puedan pedir que se incluyan también títulos no oficiales, solo a efectos informativos, y la norma los separa en una subsección propia. Por eso «sale en el RUCT» no basta como prueba. Tiene que figurar en la subsección de Grado, de Máster o de Doctorado, con la denominación completa del título que se va a expedir y la universidad que lo expide. Si lo encuentras entre las enseñanzas no oficiales, ya tienes la respuesta.

La ruta concreta para consultar el registro está explicada en la guía sobre cómo estudiar un grado online y comprobar que es oficial. Lo que te interesa retener es la idea: el registro responde a la pregunta «¿es oficial?» con independencia de lo que diga la publicidad.

Qué valor tiene un título propio

Decir que un título propio «no vale» sería injusto. Lo que ocurre es que su valor es distinto y depende de para qué lo quieras. Un programa propio puede servirte para actualizarte, reforzar una materia o probar un área nueva, y para valorarlo lo útil es revisar su contenido, su profesorado y las actividades previstas, más que el nombre con el que se anuncia.

Lo que un título propio no te da es el efecto jurídico de uno oficial. Un ejemplo claro: un título propio no sustituye la titulación de acceso exigida para un Máster Universitario. El Real Decreto 822/2021 pide, como regla general, estar en posesión de un título oficial de Grado español o equivalente, o un título de nivel equivalente de un país del Espacio Europeo de Educación Superior, y prevé además vías para titulaciones de otros sistemas educativos, con condiciones específicas. En ninguna de ellas aparece un título propio como sustituto. Lo mismo vale para cualquier trámite que pida «título universitario oficial» en sus bases. Antes de elegir, comprueba los requisitos concretos del estudio, la convocatoria o la profesión que te interesa.

Si buscas empleo en un ámbito concreto, revisa los requisitos de las ofertas que te interesan: lo que se pide lo deciden quienes contratan, y la ley no lo fija por ellos.

Máster Universitario y Máster de Formación Permanente

La palabra «máster» es donde más se mezclan las cosas, y esa ambigüedad puede jugar a favor de la publicidad poco clara. Un Máster Universitario es un título oficial: se superan unos créditos de un plan verificado y se obtiene un título que figura en el RUCT. Un título propio de posgrado, como el Máster de Formación Permanente, es un título expedido por la propia universidad. Puede tener la misma duración en créditos, puede incluso parecerse en el contenido, pero no se inscribe en el registro como título oficial.

Hay una vía de conexión que la norma sí contempla. Si haces estudios propios y después te matriculas en un título oficial, la universidad puede reconocerte créditos de aquellos estudios. Es una posibilidad, no un derecho automático, y tiene un tope: el total de créditos reconocidos por experiencia profesional y por estudios no oficiales no puede superar, como regla general, el 15 por ciento de los créditos del plan de estudios del título que quieres obtener. Además, esos créditos reconocidos no llevan calificación numérica. Existe una excepción para el caso en que la universidad extinga un título no oficial y lo sustituya por uno oficial nuevo. Si piensas en un máster propio como peldaño hacia uno oficial, no cuentes con que te ahorre buena parte del camino, y pregunta por escrito a la universidad de destino qué reconocería.

Si lo que quieres es mirar posgrados oficiales, en el listado de másteres universitarios tienes los que figuran como tales. Y si dudas entre varias titulaciones del catálogo, el comparador te permite ponerlas una al lado de otra.

Errores que conviene evitar con la publicidad

Hay algunas situaciones que ayuda reconocer, más que memorizar normas.

  • El anuncio dice «título universitario» o «con el aval de la universidad», pero no dice «oficial». Esas expresiones no acreditan que el título sea oficial.
  • Se destaca el logotipo y el nombre de una universidad, pero no queda claro quién expide el título. Comprueba qué entidad lo expide y cuál es su relación con la universidad anunciada.
  • Se habla de «homologado», «reconocido» o «con validez europea». Esas expresiones, por sí solas, tampoco acreditan su carácter oficial.
  • El nombre incluye «Máster Universitario», «Grado» o «Doctorado», que son los nombres de los títulos oficiales, pero el programa no figura en el registro. Es motivo de alerta.
  • Se da por hecho que todo lo que ofrece una universidad pública es oficial. Las universidades pueden ofrecer títulos propios, y la norma les exige distinguirlos.

Por parte de quien lee, un error frecuente es dar por hecho que, si el programa lo imparte una universidad, el título es oficial. La pregunta correcta no es «¿lo da una universidad?», sino «¿es un título oficial, con ese nombre, inscrito en el registro?». Si dudas sobre la propia universidad, aquí tienes cómo saber si es pública o privada, aunque esa distinción tampoco responde a la pregunta sobre el título.

Cómo decidir con calma

Antes de pagar una reserva de plaza, haz tres comprobaciones sencillas. Primero, consulta si el título es oficial o propio, y con qué denominación exacta se expide. Pide siempre una respuesta clara y por escrito. Segundo, si te dicen que es oficial, búscalo en el registro y confirma que aparece en la subsección que corresponde con su nombre completo. Tercero, si te dicen que es propio, no lo descartes sin más: pregúntate si encaja con lo que buscas y si la persona o el organismo ante quien lo vas a presentar lo va a aceptar.

Conviene que tengas claro para qué quieres el título. Si necesitas cumplir un requisito de acceso, una convocatoria o una profesión regulada, lee lo que piden exactamente. Si lo que quieres es especializarte o actualizar conocimientos, un título propio puede ser una opción razonable, y entonces fíjate en el programa y en el profesorado. Para eso sirve aprender a leer un plan de estudios: te enseña a ver qué se estudia de verdad, y es útil también con un programa propio.

Por último, guarda copia del anuncio, del folleto y de la respuesta que te den. Si lo que te prometieron no coincide con lo que recibes, tendrás con qué reclamar. Y si todavía no sabes qué quieres estudiar, la guía para elegir carrera te ayudará a ordenar las ideas antes de mirar posgrados.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un título propio?

Es un título que una universidad crea y expide por su cuenta, en uso de su autonomía. No es Grado, Máster Universitario ni Doctorado, y no tiene los efectos de un título oficial.

¿Un máster propio es lo mismo que un Máster Universitario?

No. El Máster Universitario es un título oficial inscrito en el registro. El máster propio, que en la formación permanente de 60, 90 o 120 ECTS recibe la denominación obligatoria de Máster de Formación Permanente, es un título expedido por la universidad, aunque tenga una carga en créditos equivalente.

¿Un título propio sirve para acceder a un máster oficial?

No sustituye la titulación de acceso que se exige. Lo que puede hacerse, según cada universidad, es reconocer parte de los créditos de unos estudios propios dentro de un límite.

Si un título aparece en el RUCT, ¿es oficial?

No necesariamente. El registro puede incluir, a petición de la universidad, títulos no oficiales a efectos informativos, en una subsección distinta. Tiene que figurar entre los oficiales.

¿Las universidades públicas ofrecen títulos propios?

Las universidades públicas y privadas pueden ofrecerlos, y la norma les exige que no los presenten de manera que se confundan con los oficiales.

¿Vale la pena un título propio?

Depende de lo que busques. Para actualizarte o especializarte puede ser útil. Para trámites que exigen un título oficial, no lo sustituye. Compruébalo antes de matricularte.